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Acción sobre nuestras Ideas

Muchas ideas surgen en nuestro cerebro día a día, aveces pensamos en hacer esto o aquello, en realizar tal proyecto o emprender tal cosa, y con el correr del tiempo nos olvidamos de esa idea que tuvimos. Fue tan fugaz que desapareció antes de comenzar. ¿No les ha pasado?

Mi cerebro es una máquina de ideas, siempre estoy pensando cómo puedo mejorar los emprendimientos actuales en los que estoy involucrado, como hacerlos más lucrativos y productivos, gastando menos dinero. A veces pienso que soy un «optimizador» por naturaleza, me gusta optimizar procesos, trabajo, y sacarle el máximo jugo a todo lo que me rodea, tanto en mi vida personal como en mi trabajo diario.

Algunas de las ideas que se me cruzan por la cabeza no son referentes a optimizar, sino a emprender. Hacer algo nuevo, diferente, desarrollar el proyecto y darle vida, para luego intentar mantenerlo y que triunfe en su mercado.

Pero todo parte por una idea primaria que se te pasa por la mente cuando estás haciendo cualquier cosa. El 99% de las personas directamente descartan las ideas, se olvidan de ellas. Muchas veces no permitimos desarrollar nuestras ideas por que nuestra razón y propios pre-juicios sobre nosotros mismos y el mundo, interfieren y nos auto sabotean el proyecto antes de empezar.

Siempre emprender, aunque falles

Hace unos días junto con Daniel, mi socio, hablábamos sobre como para triunfar en los negocios hay que intentar, fracasar, intentar, fracasar, y repetir ese ciclo varias veces para realmente después estar listos para triunfar finalmente en determinado proyecto.

Cada intento, cada esfuerzo y cada derrota dejan innumerables enseñanzas, dejan conocimiento, experiencia, tacto, mejorado olfato para los negocios, personas y el ambiente en que desarrollarás el proyecto. Y luego cuando estás suficientemente maduro lo intentas nuevamente, pero esta vez es diferente, y terminas victorioso.

¿Acaso los escaladores escalan el Everest la primera vez? ¿O entrenan en montañas más pequeñas primero? ¿No se caen y vuelven a levantar? ¿No dejan el campamento en caso de no sentirse bien ante el agotamiento o por eventos inesperados? ¿Por que debería ser diferente en los negocios y emprendimientos?

Quien emprende y falla, aprende muchísimo más que aquel que nunca emprendió nada.

Emprender con los pies en la tierra

Hoy en día tengo fácil unos 6 o 7 proyectos en espera, porque no es el momento adecuado para desarrollarlos. También porque tengo un sólo cerebro, 24 horas (que debo repartir entre dormir, trabajo, familia y hobbies) y no todo el dinero del mundo para desarrollar dichos proyectos.

Emprender con los pies en la tierra es una frase que elegí para recordarme que muchas veces hay que reconocer nuestras limitaciones y avanzar a medida que podamos, postergando temporalmente los proyectos, pero no perdiéndolos de vista ni olvidándonos de ellos.

Hace muchos años cuando me lancé por primera vez a construir nuestra casa, me sucedió algo parecido, me quedé sin dinero a mitad del proyecto y tuve que «congelar» la construcción de la casa, hasta que las circunstancias del medio se dieron para que pudiera retomarla.

Con los negocios en general también sucede igual, podemos aplazar su desarrollo, avanzar por otros horizontes del mismo, o congelarlo hasta que se pueda comenzar, pero nunca hay que olvidarse por completo de esas ideas que llegan a nuestra vida.

Si bien aprendí muchísimas cosas con esa aventura de tener «casa propia», una de las principales cosas que rescaté fue a aprender a esperar, a ser paciente.

Curiosamente muchas veces también dejo en «draft» muchos de los posts que he ido publicando año a año, solo escribo una frase, una idea, y luego después cuando siento que tengo ganas, y cuando los tiempos se dan para que lo haga, vuelvo, me inspiro y retomo la redacción para finalmente publicar la entrada.

Llevándolo al ámbito de la psicología: siempre hay que cerrar la gestalt que abrimos, aunque tardemos más de lo pensado.

Saber decir que no

Siempre me consideré una persona que no ando con muchas vueltas para decir las cosas, mi cara tampoco puede esconder una disconformidad o algo que no me gusta. Por eso muchísima gente me ha tildado y me tildará de «sorete».

Una de las mayores experiencias que obtuve al supervisar la construcción de nuestra casa fue que aprendí a hacerle caso a mi olfato. También en el ámbito laboral he podido reafirmar que cuando algo me ‘huele’ mal, sea una situación o persona que no me cierra del todo, tengo que hacerle más caso a ese sentido que me está enviando señales de alertas para decir que no, para cortar con algo o para salir de una situación donde me puedo ver perjudicado.

Esas y otras experiencias que me hicieron ver la importancia de hacerle caso a mi olfato y cada vez digo más que no ante ciertas situaciones, como propuestas de hacer tal o cual proyecto, o trabajar con alguien que no me cierra del todo.

Decir que no cuando tu olfato te lo indica, o cuando algo va contra tus valores y principios no es «ser sorete», es ahorrarme dolores de cabeza y cargar con bolsas ajenas, es alivianar y mantener mi vida libre de las cosas que no quiero.

Proyectos que no dejan un centavo

¿Y qué pasa si no hago un dólar con ese proyecto?

Como todo, hay que verle la parte positiva. No dejó dinero… ¿pero que enseñanzas y experiencias me dejo? Pues al fin y al cabo, al menos yo no realizo los proyectos ni tampoco trabajo por «dinero» como objetivo primario, sino por sentirme plenamente realizado y útil conmigo mismo.

Por lo tanto, si un proyecto no deja nada de dinero o muy poco, igualmente hay que tomarlo como un gran avance en nuestro desarrollo personal y empresarial.

Aunque no haya dinero en retribución la enseñanza es grandísima, la experiencia, el valor del proyecto que genera en nuestro corazón, el sentimiento de éxito interno al haberlo logrado, al decir «lo hice, lo logré, quedó hermoso, me siento orgulloso de mi mismo».

Ideas fuera de mi zona de confort

En estos pasados 15 años he creado diversos proyectos, todos ellos basados en Internet. He probado micro-proyectos a corto  plazo creo que fácil 15 veces, y he tenido éxito en 4 de ellos únicamente. Muchas veces los fracasos han sido por falta de experiencia, otras veces por ser apurado y no planificar bien las cosas, y en otras simplemente porque de la idea a la realidad hay una gran diferencia.

Por eso, si bien sigo planificando desarrollos para Internet para el futuro van a ser cada vez menos pues necesito cambiar, realizar algo más «real» en el mundo en que vivo a diario. Algo que tengo en mi mente desde hace tiempo es comenzar a meterme en desarrollos inmobiliarios en el mundo offline. Me veo en la necesidad de soltar un poco Internet y realizar proyectos tangibles, que pueda ver, tocar, y oler, donde pueda intervenir directamente.

Ya tengo el antecedente de realizar mi primera casa, por lo que no iré a la guerra con un tenedor, pero sin dudas que será salir de mi zona de confort, explorar cosas nuevas, aprender, errar y triunfar otra vez pero de forma diferente es algo que al contrario de infundirme miedo o temor, me genera un gran oleaje de excitación por el desafío que presenta.

 

Las ideas, como las pulgas, saltan de un hombre a otro. Pero no pican a todo el mundo.

Stanislaw Lem

 

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