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La influencia de nuestros padres

¿Te has preguntado alguna vez qué tanto influyeron o influyen tus padres en la forma de ser y la personalidad que tienes hoy por hoy?

Esto es algo que en lo que he estado pensando en el último tiempo: el hecho de cómo nuestros padres influyen en nuestra forma de ser. Y es obvio que suceda así pues son las personas que nos crían, que nos enseñan y muestran el mundo que nos rodea, a las cuales imitamos y copiamos comportamientos. Es más que lógico que de ellos compartamos mucho más que ADN.

Siempre me han dicho que cruzo las piernas o que tengo la misma sonrisa pícara que tenía mi padre, esos son simplemente gestos y cosas muy particulares que se transmiten de una persona a otra. Sin embargo, más allá de esas pequeñeces, la verdadera influencia de los padres viene por el lado psicológico y emocional.

Influencias buenas

Del trabajo bueno que han hecho nuestros padres y que hacemos nosotros con nuestros hijos podemos rescatar millones de cosas, como por ejemplo inculcar valores como la justicia, el cariño, esfuerzo, paciencia, amabilidad, hasta habilidades como la creatividad, imaginación y fantasía de esos pequeños que criamos a diario. También el amor por los animales, la no violencia, ser agradecidos, y tantas cosas más.

Y no tan buenas

Ahorrá por que no sabés cuando te puede ir mal

Y al pensar en las no tan buenas me vienen a la mente cosas de mi propia historia, por supuesto. Miedos irracionales que no sabía de donde venían, como por ejemplo el miedo a la escasez económica. Hoy después de analizarlo en terapia veo que vienen directo de las inseguridades que mi familia sufrió durante largo tiempo, a raíz de situaciones y experiencias que tuvieron previas a mi nacimiento y durante mi temprana infancia.

«Ahorrá por que no sabés cuando te puede ir mal», «lo bueno nunca dura para siempre», «usted ahorre mijo, para los tiempos malos del futuro», frases como esas se habían metido en mi mente de tal forma que hoy por hoy, ya como un adulto, cuando me iba super bien siempre tenía el fantasma del fracaso susurrandome en la oreja ante cada paso que daba. «¿Qué mierda?» pensaba yo… de cierta forma intuía que eso no me pertenecía.

Al pensar sobre por qué tenía ese miedo no lograba dar con la respuesta, hasta que un día recurrí más a mi razón que mi sentimiento, hice una simple operación:

¿Qué fracasos, pérdidas o momentos de problemas económicos he tenido desde que me valgo por mi mismo? Ninguno.
¿Y qué éxitos y metas has logrado en tu vida a nivel económico? Esta, esta otra, aquella otra, etc, etc. No habían pérdidas ni fracasos, sólo éxitos.
Entonces me dije a mi mismo: «esto no es mio«.

Y efectivamente, al tratarlo en terapia pude ver de manera más clara que era un miedo heredado de mi madre en particular y cómo ella afrontó ciertas situaciones de escasez en su vida, previa y posterior a mi nacimiento.

Educar a los niños a través del miedo y la violencia

Otro ejemplo que me viene a la mente: el castigar a nuestros hijos de manera física, generando violencia, o infringiendo miedo para que realicen o no realicen ciertas cosas, así como también la violencia psicológica al insultarlos o gritarles.

Este tipo de conductas no sólo no educan, sino que generan también marcas en nuestra vida que quizás al principio no se verán tan reflejadas, pero a la larga luego nos pasarán factura, en la relación que tenemos con nuestros hijos y también en cómo ellos exploran y forman su visión del mundo.

No es lo mismo un niño educado bajo el rigor de golpes, críticas y gritos diariamente, a un niño con el que se pone límites de manera adecuada, pero con el que también de igual manera se dialoga, abraza y rodea de cariño en cada etapa que transita.

La salida social que tienen ellos es ir al médico cada semana

Y de unos familiares cercanos veo el tema de las enfermedades, cómo a raíz de ciertos episodios de enfermedad que ocurrieron a algunos miembros hace décadas, el resto de la familia nuclear adoptó una postura prácticamente hipocondríaca.

Viven enfermos, salen de una y entran en otra, y todo lo que se habla en su vida y cómo se relacionan con los demás es referente a enfermedades que padecen, visitas a médicos, tratamientos, operaciones y fármacos que toman.

Una vez un miembro de esa misma familia bromeo al respecto: «la salida social que tienen ellos es ir al médico cada semana». Asusta, ¿verdad?

Eso es también influencia de cómo los padres afrontaron esas situaciones y luego las transmitieron a sus hijos.

Esas cosas son del diablo

¿Y qué hay de la religión y creencias? Nuestros padres suelen pensar que lo que ellos creen es lo que nosotros también tenemos que creer y profesar. Ellos creen en Dios, la virgen, jesús y todos los santos.

Y desde chiquito te envían a catequesis, vas a la parroquia, aprendes sobre la biblia, y todas las enseñanzas cristianas por que ellos también fueron educados así.

«Esas cosas son del diablo», «pídele a Dios», «ten cuidado con lo que haces, el de arriba lo mira todo», «la masturbación es un pecado», «los cristianos no hacemos eso», «tener relaciones antes del matrimonio está prohibido» (esta última es la más graciosa :p) y tantas otras frases que he escuchado.

¿Acaso preguntaste a tu hijo si él desea creer en un Dios quizás? ¿O si está de acuerdo en todo eso? Absolutamente no, esas creencias son transmitidas «a prepo» a nuestros hijos, sin pensar qué consecuencias pueden tener a futuro.

En mi caso, si bien soy Budista y adoptar estas prácticas me ha ayudado a formar mi vida de manera brillante, no voy a forzar a mi hijo a creer en algo que yo decidí para mi historia, las opciones están allí y él podrá elegir qué camino tomar cuando tenga pleno uso de la razón.

¿Son responsables mis padres de las cosas no tan buenas que me transmitieron?

Mis padres también se vieron influenciados por sus padres y a su vez ellos por los suyos, y así sucesivamente durante generaciones. Lo que me lleva a cuestionarme:

¿Estamos condenados entonces a lo heredado de nuestros familiares? Absolutamente no. Al llegar a la juventud cuando tenemos pleno dominio de nuestra razón y generamos nuestra visión del mundo podemos comenzar a cuestionarnos esas cosas que tanto interfieren en nuestra vida, de hecho esta reflexión que ahora escribo es fruto de ello.

Por eso creo que si somos grandes responsables de todo lo que le transmitimos a nuestros hijos, si bien hay mucho material inconsciente que llevamos en nuestra vida y pasa a las vidas de nuestros hijos desapercibido, también hay tanto material consciente del cual si tenemos mayor dominio y control para pulir.

Incluso si deseamos conocernos mejor y «escarbar» en nuestra vida inconsciente, a través de la terapia psicológica y la introspección con prácticas meditativas podemos hacer que aflore todo un mundo inconsciente que desconocemos, para así descubrir cómo mejorar nuestras vidas y la influencia que tenemos sobre nuestros hijos.

¿Debo estar alerta todo el tiempo por las influencias que puedo ocasionar en mis hijos?

Claro que no. Esto no se trata de entrar en modo paranoico y pensar en cada cosa que hago y cómo esto puede afectar a mis hijos. Sino que creo que hay que tomarlo como una práctica reflexiva para hacer de vez en cuando a nivel individual, y por qué no también para hablar con todas las personas que ayudan activamente en la crianza de nuestros hijos a diario: una pareja en el caso de las familias tradicionales, o también a personas cercanas como abuelos, tíos y hermanos mayores.

Cortar con la herencia negativa de las generaciones pasadas

Uno de los objetivos que me plantee para este año y que ya venía pensando desde el año 2015 era cortar con los karmas (influencias, tendencias, comportamientos, pensamientos, etc) negativos heredados (conscientes e inconscientes) de mis generaciones pasadas. Y justamente hablando del tema con un psicólogo me comentó de un ejercicio a realizar para este tipo de cosas:

Se trata de visualizar a nuestras familias: la familia de mi padre, y la de mi madre uno a la izquierda y otro a la derecha, hijos, abuelos, tios y todos a quienes puedas recordar, parados frente a nosotros. Y decirles mentalmente: «les agradezco por todo lo bueno que me han transmitido, pero quiero devolverles estas cosas (yo cuando lo hago me visualizo entregándoles una caja cerrada que contiene todas las cosas «negativas» que me transmitieron) que no son mías, son suyas. Agradezco vuestra bendición en el nuevo camino que quiero formar en mi vida.»

Es un ejercicio de visual y energético que puede ayudar en el proceso de cortar con las influencias negativas del pasado. Lo he estado practicando junto con las reflexiones en terapia, así como el Daimoku e introspección diaria y la verdad es que han tenido un gran resultado en cómo me siento hoy respecto a todas las cosas negativas arrastradas de generaciones pasadas.

Criar y educar bien a los hijos ya es un gran trabajo

Carlos, un querido terapeuta una vez me dijo: «criar y educar bien a los hijos ya es una gran trabajo, Esteban». Yo por aquel entonces no había vivido esta gran experiencia de tener hijos y no pude comprenderlo cuando me dijo eso. Tenía 27 años, no tenía hijos y pensaba en realizar obras sociales, ayudar más a nivel macro, generar cambios más al estilo superhéroe.

Creo que esa vez me quiso transmitir eso justamente, que es un gran mérito, una gran obra personal, criar buenos chiquilines para que se conviertan en excelentes seres humanos, que puedan influir de manera positiva a su vez a futuras generaciones, que no se necesita pensar en lo macro para aportar nuestro granito de arena.

NMRK.

Publicado enPersonales

Un comentario

  1. Daniel Daniel

    Muy lindo tema Esteban! Comparto un montón de cosas que mencionaste aquí. Es una tarea difícil pero linda. Mi meta personal como padre es ver a mi hijo convertido en una persona independiente, con valores y metas propios, haciéndose cargo de su vida y decisiones y que con ellas, día a día, alcance la felicidad plena.

    Está de más la foto también!

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