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Los excesos nunca son buenos

Esto es algo que siempre he escuchado e incluso dicho yo mismo en alguna ocasión, sin embargo como siempre me pasa, suelo olvidarlo. Últimamente estaba metido en una vorágine laboral/mental que no me permitía disfrutar de esas cosas lindas de la vida, era todo trabajo en la oficina, y luego cuando llegaba a casa seguía atado mentalmente a diferentes asuntos que no me permitían tomar un respiro.

Y esa es la palabra es la que falta muchas veces: «respiro». En muchos aspectos me siento tan automatizado con el trabajo que se vuelve algo que ya es casi inconsciente, las rutinas, los horarios, ir, venir, hacer esto, aquello, que al final no me hago tiempo para mi mismo, para tener ese respiro y poner los pies en la tierra, para disfrutar esos momentos de calma que son tan necesarios, compartir unos mates con mi pareja, jugar con mi hijo, cocinar… en definitiva, sentir la vida.

Creo que la llegada de Joaquín al mundo me hizo ver las cosas de diferente manera, quizás no de forma inmediata, pero pude darme cuenta que debe haber un balance entre todo, trabajo, familia, amigos, y demás. ¿De qué me sirve dedicarle 12 horas a mi trabajo si no puedo estar con aquellos que amo y que siempre están allí? Por un lado o por otro si me voy por el exceso voy a perder algo. Idéntico caso con mi pasión por estar en el mar surfando, hace semanas no lo visitaba por el mismo motivo.

El más claro ejemplo de que los extremos/excesos no son buenos lo expone el Buda Shakyamuni de hecho, cuando realizó muchas prácticas asceticas que casi lo llevan a morir en busca de la iluminación, hasta que se dió cuenta de que tenía que encontrar el camino medio, un balance donde pudiera contemplar la naturaleza de la vida sin poner su existencia en riesgo.

Si bien el trabajo ha sido parte del hombre desde tiempos inmemoriales, también creo que antes se vivía de manera diferente, más lenta, sin tanto apuro, con más consciencia de la naturaleza, de la familia, del «disfrute» general de la vida, de esos pequeños momentos que marcan una gran diferencia.

Hacia allí quiero ir.

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