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Los obstáculos son la experiencia

En diversas charlas sobre budismo Nichiren que he tenido con otros miembros, practicantes y responsables, siempre se menciona el tema de los obstáculos, y cómo éstos son el motor que nos ayuda a crecer y desarrollarnos.

Curiosamente, hace poco también lo escuché por parte de un profesor de Psicoanálisis en la facultad, cito textualmente:

“Si todo va de acuerdo a como lo hemos pensado o idealizado en nuestra mente, entonces no hay experiencia.”

Y es tal cual, si las cosas suceden como las esperamos, es como que se cumple esa fantasía o ideal que habíamos creado en nuestra mente, y simplemente logramos un objetivo, o que las cosas salgan como uno desea. ¿Cuál es el aprendizaje?

Aunque hay una pregunta muy obvia: ¿a quién le gusta tener problemas? Teniendo una vida tan fugaz… ¿Realmente queremos tener problemas frente a nosotros? Yo preferiría estar tirado en una playa, tomando un rico trago y disfrutando de los placeres junto a mi familia, en vez de estar frente a un problema, preocupado o viendo formas de solucionarlo.

Cuando se habla de problemas, casi siempre gran parte de las personas (incluyéndome) lo relacionan con problemas económicos, y no es de extrañar, es como un sinónimo automáticamente asociado, pues el mundo en que vivimos todo se rige en base al dinero y a los objetos materiales.

Por más que podamos pensar que tener una vida llena de lujos, riquezas materiales o popularidad harán que no tengamos problemas… estamos totalmente equivocados. Incluso las personas que tienen ingresos económicos exorbitantes viven con obstáculos en su día a día.

Sin embargo, toda esas “seguridades” económicas o materiales que podamos tener, son muy pequeñas en realidad ante grandes “monstruos” que se presentan ante nosotros como el problema de la muerte, cuando aparece una enfermedad crónica, cuando tengamos serios problemas de relacionamiento con los demás, falta de amigos, o que su relación con su pareja o familia sea desastrosa.

Entonces vale preguntarnos: ¿existe una vida libre de problemas, sin obstáculos o tribulaciones? A pesar de que es lo que casi todos nosotros anhelamos, eso no es más que una utopía.

¿Qué tal si trato de ver el medio “vaso vacío” desde otra perspectiva?  ¿Y si los problemas en vez de estar para sufrirse (como hace la mayoría)… están allí para disfrutarlos, para aprender, y luego salir totalmente regocijados tras la victoria?

Daisaku Ikeda en sus numerosas publicaciones y libros también lo menciona siempre: “El Budismo es victoria o derrota”. Esta frase no quiere decir que quienes practicamos budismo siempre tenemos que tener éxito en todo lo que hacemos, sino que se refiere a nuestra posición ante los problemas y vicisitudes de la vida, en particular a la actitud con la que los enfrentamos.

¿Cómo enfrento los problemas en mi vida diaria?  Siempre trato de tener puntos en mente:

  • No quejarse ante las cosas “negativas” o “malas” que aparecen en mi vida, ya que solo gastas energía, en vez de pensar en cómo enfrentar el desafío. Como dice una frase budista: “…la queja aleja el beneficio”, las personas quejosas nunca logran nada, todo lo contrario, alejan las cosas buenas de su vida.
  • No importa cuán grande sea el obstáculo, siempre haré mi mejor esfuerzo para superarlo, por lo que luego no me sentiré culpable por nada, ya que hice todo lo que estaba en mis manos.
  • Siempre rescataré algo positivo: incluso de los problemas más feos y horribles que pueden acecharme… Si no logro superarlos, de seguro habré obtenido un gran aprendizaje por la experiencia.

Como dice Gustavo Cerati en su canción Magia:

“Todo me sirve, nada se pierde, yo lo transformo.”

El poder de la mente y la fantasía

El mayor obstáculo para enfrentar un desafío es nuestra propia mente, por eso el Nichiren Daishonin sabiamente dice: “Sea maestro de su mente“.
Ser maestro de mi mente significa minimizar la influencia negativa, el sabotaje que mi cerebro y emociones que nos hacen “perder el norte” ante un nuevo “peligro”.

Mel Robbins en su libro “The 5 seconds Rule” lo explica claramente, podemos dejar que nuestro cerebro nos domine y nos ponga un “palo en la rueda” cada vez que queremos hacer algo, o bien emprender la acción.

Nuestra forma de pensar, nuestros temores, prejuicios, la cobardía y la tendencia a rendirnos antes de empezar una batalla son las barreras que nos impiden ver más allá de nuestro nuestras propias limitaciones.

Además de esto, desde una perspectiva psicológica, las influencias de nuestra niñez, adolescencia y juventud juegan un rol importantísimo en la construcción de nuestra psiquis, y como ella enfrenta diversos problemas que se nos presentan día a día.

Curiosamente durante algunas épocas de mi vida me he sentido así, desesperado, desganado, sin mucha confianza ni esperanza en mi mismo, viéndolo todo “negro”. Y la llave para desbloquear ese pozo de oscuridad fundamental ha sido la práctica de Budismo y al mismo tiempo la terapia psicológica.

Si bien el Budismo ha sido una herramienta indispensable para desarrollar mis capacidades y conciencia de la vida, hay cosas que sólo la terapia psicológica puede resolver con su mirada objetiva y científica para encontrar el por qué de mis reacciones ante ciertos tipos de situaciones.

La psicología, me muestra de forma lógica y analítica mis antecedentes enfrentando problemas, los resultados que he obtenido. Me acerca a la racionalización de la naturaleza de mis miedos, pero también a tomar contacto con las emociones que se desatan a través de ellos.

También me permite ver cómo cuando no tengo control de mi mente, ésta elabora tantas fantasías maximizadas sobre mi mismo en diferentes escenarios, que siempre son nada más que una mera porción de la realidad que luego enfrento.

Últimamente he aprendido a la fuerza que la fantasía de mis miedos o problemas siempre supera la realidad. En otras palabras, la fantasía me aterra, tan así que sin llegar al problema real sufro con anticipación. Todo está en mi mente.

El budismo me da por otro lado el incentivo, el soporte, y la determinación de saber que no hay problema que no podamos manejar. “El hierro, cuando se calienta y es forjado se convierte en una buena espada” dice otra frase budista. Y en la vida diaria, vale la pena recordar que los aviones despegan con el viento en contra.

Con esto hago alusión a que nuestro desarrollo humano, valentía y coraje para “ponerle el pecho a las balas” también se forja de la misma manera, obstáculo tras obstáculo.

Si todo saliera siempre bien la vida sería tremendamente aburrida

¿Qué logros y méritos podríamos construir para sentirnos orgullosos de nosotros mismos? Al mismo tiempo, el experimentar problemas, desarrollar estrategias racionales y emocionales para superarlos, harán que crezcamos de manera incesante, año a año, década tras década. Y lo mejor: me abrirá las puertas a poder brindar mi experiencia (tanto en el Budismo como en mi práctica de psicología clínica a futuro) en forma de apoyo a otras personas que también están atravesando por caminos sinuosos.

Es decir, que de un problema original, no sólo puedo crecer, desarrollar nuevas habilidades y experiencia, sino que también luego podré influenciar a otros para que puedan solucionar sus problemas también. Lo que al principio parecía tan “malo”, no es otra cosa que un resultado totalmente positivo.
Ser derrotados en nuestra mente, se traduce en una derrota en nuestro corazón, y finalmente en nuestra fuerza espiritual. Si somos derrotamos en espíritu, en nuestro mundo interior, también perderemos en nuestra realidad exterior.

La fuerza espiritual interior de cada uno es esa energía que nos hace mover a diario, saltar de la cama, no dejarnos caer ante la cobardía, el ridìculo, la pereza para hacer las cosas, la impaciencia o desesperación.

La dimensión subjetiva lo atraviesa todo: no debo olvidar nunca que para cada persona los desafíos, temores, miedos y problemas son totalmente diferentes.  Incluso he vivido una misma situación de manera positiva, para luego atravesar de forma totalmente negativa en cuestión de horas. Si esto es así en una sola persona, imaginemos cuán marcadas pueden ser las diferencias entre dos o más individuos.

Para algunos escribir una carta, recitar un poema, hablar en público o aprender a conducir pueden verse como grandes montañas a escalar, mientras que otros podrán enfrentar problemas de salud, amor o económicos.

En última instancia

Lo cierto es que en cualquier tipo de obstáculo, pequeños, medianos o grandes, todo se reduce a lo mismo: ser maestros de nuestra mente y alimentar nuestro espíritu de determinación desbordante para no rendirnos ante cualquier piedra en el camino.

Cierro con parte de un bellísimo poema de Sensei Ikeda que dice así:

…Porque tengo fe,
no me harán tambalear las olas colosales,
ya que he subido al gran navío de la eternidad.
Porque tengo fe,
puedo experimentar el valor, el gran bien, y la fuerza vital más grandes,
y siento la felicidad que surge de la revolución humana.

Publicado elBudismo y Filosofía

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