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Vos viniste a disfrutar

Disfrutar

Un viejo amigo una vez me dijo algo que me quedó marcado en mi memoria. Me hizo darme cuenta de cosas que todos sabemos, pero que al convertirnos en adultos muchos olvidamos:  divertirse, jugar, soñar, hacer las cosas que llenan nuestro corazón.

¿Por qué hoy como adulto no te diviertes o disfrutas tanto de la vida como cuando eras niño?

Es normal que cuando pasa la adolescencia dejemos de lado una etapa donde generalmente nos sobra el tiempo y las responsabilidades no son muy grandes. Y llegados los 18 -20 años casi todos comenzamos a trabajar, estudiar y dedicar el tiempo en «convertirnos en adultos», todos ponen prioridad en estas dos actividades, cosa que está bien pues no podemos vivir del aire en este mundo material en el que vivimos, ni podemos dejar de desarrollarnos.

Y por supuesto a mi también me pasó igual, hasta los 25 años me enfoqué enteramente en trabajar denodadamente, en tratar de lograr los objetivos y metas que me había puesto. Si bien no me arrepiento de nada, ahora a los 30 veo que pude haber aprovechado el tiempo de mejor manera. A qué me refiero… a que estaba viviendo la vida, pero no disfrutándola realmente. Había perdido el camino medio, entre las responsabilidades y aquello que me gustaba hacer en la vida, había dejado de lado a mi niño interno, a mis sueños.

A lo 25 comencé nuevamente a estudiar, terminé el liceo, seguidamente me anoté en la facultad, hice nuevos amigos y círculos se abrieron por todos lados.  Y fue cuando conocí a este amigo, que me dijo esa pequeña frase, y que realmente no fue sino hasta hace 2 años que comencé a tomar real conciencia de su significado.

Los seres humanos tenemos esa sensación de que podemos dejar todo para más adelante, de que  faltan muchos años todavía, pero la realidad es que quizás mañana enfermes o al cruzar la calle te pase un coche por arriba. ¿A donde quedaron entonces esos sueños y deseos en tu vida? ¿Disfrutaste haciendo las cosas que deseabas? ¿Hiciste todo lo que querías?

Analizándolo en terapia pude llegar a la conclusión de que debo disfrutar de esos pequeños y grandes momentos del día a día: tomarse un café con un amigo, estar en familia, hablar con tu pareja, jugar con los perros en el patio, leer, viajar, volar con mi imaginación, estar en el mar, y tantas cosas más. Cosas que al final siempre son muy subjetivas (quizás a mi me hace feliz tomarme un café y vos odies el café), pero que son vitales en el día a día.

¿Qué pasa si muero hoy? ¿Moriré feliz? ¿Qué fueron las cosas que no hice y que me hubieran gustado? ¿A donde quedó mi niño interior?

De seguro todos tenemos formas de disfrutar de la vida, o tenemos una idea de qué actividades o cosas nos harían sentir muy bien. El tema es ¿por qué no lo estás haciendo ahora? ¿Qué te lo impide? Hay una cosa que te impide disfrutar de tu vida y el mundo: vos mismo. No busques excusas, enfocate en disfrutar de cada cosa que hagas, y en proyectarte para lograr esas cosas que te gustarían hacer.

Con sentido o sin sentido…  como niño o como adulto, disfrutar, plenitud, soñar, jugar, reir, desear… en definitiva, parte del todo que es seguir transitando nuestra felicidad.

NMRK.

Publicado elPersonales

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